Atroz

LOS MITOS A RITMO DE PASODOBLE

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  • Obra: Los atroces.
  • Autor: Vanessa Martínez (sobre textos de Esquilo, Sófocles y Eurípides).
  • Dirección: Vanessa Martínez.
  • Intérpretes: Pablo Huetos, Nuria Benet, Mon Ceballos, Pedro Santos…
  • Lugar: Próxima gira 2016 (consultar web compañía)
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*Esta crítica fue publicada en el diario LA RAZÓN el 18/12/2015

La enrevesada saga de los Átridas es retomada por la compañía Teatro Defondo en esta dislocada, atrevida y talentosa propuesta que sitúa el mito griego en la España rural de los años 40 y lo va trayendo al entorno urbano de nuestros días en un impecable ejercicio, no exento de humor, de concreción y traslación dramática.

Tras un disparatado prólogo en el que se pone de manifiesto la imposibilidad de presentar a los personajes, dado el auténtico culebrón que son las relaciones de todos ellos, la historia de esta familia, a la que los dioses han condenado por sus interminables crímenes, se va desenredando ante el espectador en una entretenida y aguda función, en clave de comedia negra, que además recuerda por momentos a Chéjov, en la abúlica tensión que emana de algunas situaciones; a Lorca, por la oscura dimensión poética de las escenas más exageradas, o incluso a Benavente y Galdós, por el costumbrismo aparentemente realista en el que se enmarca una trama que, como en los episodios más negros de la España más negra, salta de manera improvisada a la desmesura absoluta.

Pero hay además en Los atroces, a pesar de las paródicas referencias al teatro griego y a sus autores, un tributo inequívoco a la importancia y vigencia de las cuestiones que subyacen en los grandes textos clásicos. En este caso, el tema fundamental del determinismo trágico, marcado en cierto modo por un pecado original, es despojado de toda retórica para colarlo con ligereza -que no quiere decir simpleza- en la vida de unos seres más reconocibles que aquellos de los que nos hablan la mitología y los poetas griegos, favoreciendo de este modo la complicidad del público con un dubitativo Orestes que, hacia el final de la obra, todavía no sabe si tiene capacidad o no de imponer el libre albedrío a su, presuntamente inexorable, destino fatal.

Sobre una rudimentaria escenografía de carácter simbólico, un estupendo elenco formado por seis jóvenes actores –algunos de los cuales empiezan ya a sonar por derecho propio- se mueve con precisión bajo la batuta de Vanessa Martínez para componer algunos personajes memorables como, por ejemplo, los hermanos “dudosamente” gemelos Atreo y Tiestes, el yonki Agamenón, la neurótica Clitemnestra o el confundido Orestes.

 

Lo mejor: La descabellada e inteligente idea de llevar los mitos a un marco aparentemente realista y muy próximo.

Lo peor: La propuesta permitía haber explotado más aún la parodia de los textos en los que se basa.

 

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